‘Cholo soy, y no me compadezcas’: música y fe en la vida de Luis Abanto Morales

Introducción

 

Luis Abanto Morales (1923–2017) ocupa un lugar especial en la historia musical y cultural del Perú. Conocido como “El Cantor del Pueblo”, su voz se convirtió en uno de los símbolos de la canción criolla y andina, un emblema de orgullo gracias a composiciones como El Provinciano y Cholo Soy. Desde joven comenzó un recorrido artístico que lo llevaría de concursos radiales en los años cuarenta a presentaciones internacionales y finalmente al reconocimiento como Patrimonio Artístico de América en 1987, otorgado por la Organización de Estados Americanos (OEA).

 

Sin embargo, la trayectoria de Luis Abanto Morales no puede comprenderse únicamente desde la perspectiva artística. Su vida y la de su familia estuvo profundamente marcada por su conversión a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hacia finales de la década de 1950. Las fuentes analizadas muestran a un hombre que, además de consolidarse como referente musical, fue protagonista de los primeros años de La Iglesia de Jesucristo en el Perú. Dichas fuentes, que comprende la historia oral del mismo Luis Abanto Morales, así como las fuentes documentales de la misma iglesia, serán usadas en este artículo.

 

Este artículo no pretende realizar un análisis exhaustivo de su trayectoria artística ni una biografía detallada. Su propósito es realizar un breve recuento de su vida, poniendo un especial énfasis en su papel como pionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en el Perú.

 

En ese cruce entre música y fe, identidad y servicio, se encuentra la riqueza de un personaje cuya vida no solo dio voz al pueblo peruano a través del arte, sino que también ayudó a cimentar las bases espirituales de una comunidad de Santos en formación.

 

Desarrollo:

Infancia

 

Luis Abanto Morales nació el 25 de agosto de 1923 en Trujillo, La Libertad. Sin embargo, sus raíces estaban en Cajabamba, un pequeño pueblo de Cajamarca de donde provenían sus padres, Víctor Abanto Calderón y Rosa Obdulia Morales Sánchez.1

 

La infancia de Luis pronto quedó marcada por la adversidad. Según Luis Abanto Morales, cuando tenía apenas nueve años perdió a su padre, y con esa muerte cambió todo. Fue entonces cuando su abuela paterna, doña Melchora Calderón Altamirano, lo llevó consigo a Cajabamba para cuidarlo.1

 

La vida junto a su abuela era dura, pero ella sabía transformar lo poco en suficiente sustento. Luis recordaba cómo recorrían los caseríos con muñecas de trapo hechas por las manos de su abuela: “Íbamos a los caseríos y ella hacía unas muñequitas de trapo y [l]os cambiaba [por] menestras”2. El trueque parece haber sido algo frecuente en un lugar donde la pobreza y adversidad no daban tregua.

 

En medio de esa austeridad, la abuela le enseñó un principio que se convirtió en una brújula moral. Un día, al ver a sus compañeros de escuela con camisas nuevas, Luis preguntó por qué él no podía tener lo mismo. Su abuela respondió con firmeza: “Ellos tienen sus camisas nuevas pero están todos cochinos, mi [hi]jito. La elegancia del pobre es la limpieza, y tú estás limpiecito, así que estás elegante” 2. Esa frase —“la elegancia del pobre es la limpieza”— lo acompañó siempre como recordatorio de que la dignidad y elegancia no dependía de la riqueza.

 

Los días de escuela en Cajabamba, en la Escuela 113 dirigida por el maestro Máximo Barrueto 1, fueron días en los que Luis reconocería su gusto por el canto, aunque en aquel entonces lo hacía de forma empírica. “Desde chico me gustaba cantar”, decía, y lo atribuía a su padre, quien había tocado la concertina, un instrumento parecido a un bandoneón 2. En Cajabamba, las fiestas de Navidad ofrecían el escenario perfecto: “En las provincias celebran mucho en la época de la Navidad, hacen nacimientos, y cantaba adentro con ellos ciertos pasajitos, de música navideña”2. Eran pequeñas participaciones, apenas un ensayo de lo que vendría, pero suficientes para encender una vocación.

 

Alrededor de los doce o trece años, la vida de Luis volvió a cambiar de rumbo. Su madre, Rosa Obdulia, viajó desde Lima para traerlo con ella. “Yo tendría doce años cuando mi mamá fue a Cajabamba a traerme a Lima”, contaba 2. Otra fuente precisa que fue a los trece cuando finalmente dejó Cajamarca para establecerse en la capital 1. Y en diversos artículos sobre su vida establecen el año de 1936 en el que Luis Abanto Morales viaja a la capital del Perú. Lo cierto es que, al inicio de su adolescencia, su vida tomó un nuevo camino en la ciudad de Lima.

 

Juventud e inicio de su carrera artística

 

La llegada de Luis Abanto Morales a Lima, con apenas doce o trece años, no fue sencilla. El cambio de Cajabamba a la capital lo obligó a retomar sus estudios escolares, lo cual trajo algunas dificultades académicas. Luego, el año 1942 fue decisivo. Con apenas diecinueve años, Luis participó en un concurso popular que le abrió definitivamente las puertas del mundo artístico. “En el año 1942 hubo un concurso que se llamó ‘La canción de los barrios’, o sea, que cada barrio de Lima presentaba su cantor, y yo representaba en esa época al barrio de Lince y Lobatón acá en Lima” 2, recordaría Luis, y fue en ese concurso que el joven provinciano destacó entre los participantes.

 

Ese triunfo lo cambió todo. Él diría que: “En el año 1942 tuve la suerte de ganar ese concurso, ‘La canción de los barrios’, y comencé ya en Radio Lima por tres meses. En aquella época ganarse 100 soles, pues era una fortuna, entonces, el premio eran esos 100 soles y un contrato por tres meses en Radio Lima” 2

 

La radio le abrió un mundo nuevo. Allí conoció a un hombre que le ayudaría en este inicio de su camino artístico: el pianista Filomeno Ormeño. “Conocí a un gran maestro… y tuve la suerte de que se fijara en mí y me llevó para grabar ochenta canciones”, recordaba Luis 2. En aquellos años, el Perú todavía no tenía estudios de grabación de gran nivel, pues “acá no se grababa todavía; se grababa en Chile o la Argentina, Buenos Aires”. 2

 

Al regresar de sus primeras grabaciones, Luis se integró a un cuarteto llamado “Los Mensajeros del Perú”, quiénes dejarían huella en esta época. El grupo estaba formado por Osvaldo Niser al piano, Carlos Dávila, Felipe Coronel Rueda y él mismo. 2

 

Él mismo aportó al repertorio con composiciones propias. Una de las más recordadas fue “Quiéreme”, aunque el público la conocía por su primer verso. Él recordaría esta anécdota contando que: “Yo tengo un vals que también gustó mucho en esa época que le puse como título ‘Quiéreme’, pero nadie me pedía por el nombre ‘quiéreme’ sino por como comenzaba la canción (canta) ‘paseando por el parque me fui…’. Pero la gente nunca me pidió por su nombre, nadie me decía ‘quiéreme, quiéreme’… la gente me pedía ‘paseando por el parque, paseando por el parque’, fíjese…(se ríe)”.2 Indudablemente, ya desde entonces, su estilo era inconfundible.

 

A fines de la década de 1940, los compromisos artísticos lo llevaron otra vez fuera del país. Fue en Argentina, en medio de esas giras y grabaciones, donde el destino lo llevó a conocer a María Esther Colina, la mujer con quien compartiría el resto de su vida.

 

Conoce a María Esther Colina en Argentina

 

Al iniciar la década de 1950 él seguía en Argentina y sus compañeros tuvieron que regresar al Perú: “yo me quedé en la Argentina y [con] un peruano que tocaba el piano que se llamaba Miguel Paz, … formamos un dúo que le llamamos ‘el dúo de la simpatía’”. 2

 

Con el “dúo de la simpatía” recorrieron diversas provincias argentinas, y en una de esas giras llegaron a San Luis, donde Luis conocería a María Esther Colina. Él lo contaba así: “Llegamos a San Luis donde mi señora María Esther era profesora en la Universidad de Cuyo… pero no era mi señora (se ríe). Ahí nos conocimos”. 2

 

El encuentro estuvo marcado por un episodio que se volvería anecdótico en la historia familiar: el de la lapicera. Durante una presentación del arpista paraguayo Félix Pérez Cardozo, una joven profesora pidió prestado un lapicero para solicitar una canción. Luis narraba con humor aquel momento: “Yo pensé en aquella época que mi señora era alumna del grupo que estaban ahí de las estudiantes, y había sido que ella era la profesora de ellas y pedía un lapicero para pedir una canción a don Félix Pérez Cardozo y yo tenía una Parker de capucha de oro 51 y yo cedí la lapicera y, entonces, me llamaron, no sé con que motivo… y no sé quién se iba a quedar con la lapicera. [Fue] un motivo para después visitarla a María Esther, ya no me importaba la lapicera, sino ir a ver[la] (se ríe)”.2

 

Lo que empezó como un gesto de amabilidad se convirtió en el inicio de una relación. Poco después, Luis conoció a la familia Colina: “Después conocí a mi suegro, Benito Colina, que él era intendente de riego en Santa Rosa en la provincia de San Luis”, recordaría2. La relación se consolidó con rapidez y culminó en matrimonio. Luis lo relataba así: “El 24 de diciembre de 1951 nos casamos en Santa Rosa”.2

Luis Abanto Morales y María Esther

Luis Abanto Morales y su esposa María Esther, 2004, Lima, NEC.

Fuente: Curbelo, N. (2006). Perú: Investigación histórica. Vol. 2: Fotografías (Vol. 2). Harold B. Lee Library, Brigham Young University, Provo, UT. Family History, Religion and Philosophy. Call number: BX 8678.5 .C922p 2006 vol.2.

Conversión a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

 

La historia de fe de Luis Abanto Morales y María Esther Colina comenzó en Lima, a mediados de los años cincuenta.

 

María Esther fue la primera en recibir a los misioneros. “Cuando vivíamos en Lince, un día llegaron dos jóvenes, uno era el élder Isom, el otro era el élder D[a]na, y empezaron a hablarme y todo y a mí me encantó”2, recordó María Esther. Con entusiasmo, contó a su esposo sobre aquella visita: “Cuando vino Luis le dije: ‘Han venido dos jóvenes que van a regresar tal fecha’… y ahí comenzamos”2

 

Pronto ambos decidieron bautizarse un 6 de junio de 19592. Años después, en un discurso conmemorativo por los 50 años de la Misión Andina en el Perú, Luis especificó: “A mí me bautizó el Élder Ison y a mi esposa el Élder D[a]na. Ese mismo año mis cuatro hijos, que nunca habían sido bautizados en ninguna Iglesia, fueron bendecidos y recuerdo que mientras bendecían a Mary que sólo tenía 06 meses de edad, ella le arrancó los lentes al Hno. Williams”3 , quien era el presidente de la rama Lima. Ya como miembros, Luis y María Esther comenzaron a congregarse en la rama de Lima, que se reunía en una casa en Orrantia.

Bautismo en Lima, familia Abanto Morales y otros

Bautismo en Lima, familia Abanto Morales y otros.

Fuente: Curbelo, N. (2006). Perú: Investigación histórica. Vol. 2: Fotografías (Vol. 2). Harold B. Lee Library, Brigham Young University, Provo, UT. Family History, Religion and Philosophy. Call number: BX 8678.5 .C922p 2006 vol.2.

Luego, Luis enfrentó una de sus primeras pruebas de fe: el pago del diezmo. Él mismo lo relataba con franqueza: “Yo decía dentro de mí: ‘Pucha… si doy el diezmo no voy a poder pagar lo que debo, más bien, no voy a dar el diezmo’, pero estaba con esa indecisión, no sé qué me daba querer engañar… dije: ‘No, que sea lo que Dios quiera’ y saqué… di mi diezmo”.2

 

La respuesta llegó de inmediato. “Al día siguiente se me presenta un señor diciendo: ‘Mire señor Abanto, tengo…’ en aquella época, me dijo una cantidad de dinero. Porque necesito que usted me arregle este tema de… En ese momento yo no pensé en lo que me estaba diciendo, sino que pensé en el milagro: yo no tenía, y justo me viene a ofrecer dinero, que me sobró. Pagué lo que tenía que pagar y todavía me quedó dinero”.2Esa experiencia marcó su vida. “[Él] siempre pensaba… más vale el noventa por ciento con la bendición de Dios que el cien por ciento sin ella”.2

 

Un momento especialmente significativo llegó el 1 de noviembre de 1959, cuando el apóstol Harold B. Lee presidió en Lima la conferencia en la que se organizó formalmente la Misión Andina. Para esa ocasión, Luis Abanto Morales y el presidente Frederick S. Williams habían preparado un himno especial: Williams puso la letra y Luis la música. Durante la reunión, Luis interpretó La Misión de los Andes. El acta oficial dejó constancia: “Canto: ‘La Misión de los Andes’, por el hno. Luis Abanto, Rama San Isidro. Música compuesta por el hno. Luis Abanto y letra del presidente Frederick S. Williams…”. El canto conmovió tanto al élder Lee que pidió escucharlo una segunda vez, lo que también quedó registrado: “Canto: ‘La Misión de los Andes’, nuevamente por el hno. Luis Abanto, a solicitud del élder Lee”.4

Letra de la canción: La Misión Andina

Fuente: Misión Andina. (1957). Andes Mission history, circa 1956–1962 – LR 6865 23.

El propio Luis Abanto Morales relató después que, al concluir la sesión, el apóstol pidió que su familia permaneciera y lo bendijo de manera especial: “Tuve el honor de cantarla hasta dos veces a pedido del Apóstol Lee, quien al término de la misma pidió que mi familia y yo nos quedáramos y fue entonces que me dio una bendición muy especial que me hizo sentir reconfortado y amado por nuestro Padre Celestial”.3

 

María Esther nunca olvidó aquel instante. En su memoria quedó grabado con sencillez: “A Luis lo bendijo para que toda la vida siga cantando así” 2. Para ambos, estas experiencias serían de gran valor.

 

La fe de la joven pareja también se manifestó en el servicio. María Esther encontró un ejemplo en la esposa del hermano Frederick S. Williams: “La hermana Williams era la presidenta de la Sociedad de Socorro, ella empezó a enseñarme, era la que más me enseñaba cosas… y cuando ella se fue me nombraron presidenta de la Sociedad de Socorro, lo cual me encantaba y éramos muy unidas con todas las hermanas de allá de Orrantia”.2

 

La década de 1960 trajo mucho progreso en la vida de los miembros de la Iglesia en el Perú. En estos años, se comenzó la construcción de la primera capilla en Lima, la segunda en el Perú. Luis Abanto Morales y María Esther Colina recordaban esos años como una época de sacrificio, servicio y entusiasmo compartido. Es así que: “se construyó la Iglesia, primero la de Limatambo, ahí trabajó Luis también, iba ayudar ahí”.2

 

El servicio de Luis Abanto Morales en estos años no se limitó a la música o al servicio voluntario en la construcción de capillas. Ya el 24 de enero de 1960 fue apartado como supervisor de maestros visitantes de la Rama San Isidro por el presidente David Smith4. El 22 de abril de 1961, Luis también participó en una actividad social organizada por la Mutual en la Rama San Isidro en el que invitaron a todas las ramas de Lima. Sobre la actividad se registra:  “El programa… incluyó la participación de miembros como la Srta. Mila Aguirre, el hno. Abanto Morales y otros invitados. Estos últimos eran estrellas de la televisión y la radio en Argentina y Perú, y se acompañaron a sí mismos en cantos y danzas folclóricas” 4.

 

Esta década también trajo momentos de prueba. El 27 de febrero de 1962, Luis sufrió un accidente, los registros de la iglesia indican: “El hno. Luis Abanto Morales, miembro que cantó en la conferencia del domingo, fue atropellado por un automóvil y llevado al hospital” 5. Al día siguiente, el presidente James Vernon Sharp lo visitó para administrarle una bendición.5

 

Pese a las dificultades, su servicio en la iglesia siguió. El 25 de noviembre de 1962, se registra: “El hno. Luis Abanto fue apartado como primer consejero en la Rama Barranco”4. Así como él, su esposa trabajó en la Sociedad de Socorro ayudando en diversas actividades. 2. María Esther lo recordó con emoción: “En aquella época bueno, había las lecciones de vida espiritual, labores que se hacían, se hacían exposiciones, clases de costura, yo me acuerdo que muy lindas cosas hicimos”2. Estas actividades fortalecían a las hermanas, creando redes de amistad y trabajo conjunto, al mismo tiempo que contribuían a la obra de la Iglesia. Esta Sociedad de Socorro es tal vez una de las sociedades de mujeres más antiguas en el mundo.

 

En los primeros años de la Iglesia en el Perú, Luis Abanto Morales aprovechaba sus constantes giras artísticas para ayudar en la obra misional. Cada vez que llegaba a una ciudad, advertía a sus amistades que pronto arribarían “dos jóvenes norteamericanos” y les pedía que les tendieran la mano. ““Acá van a venir dos señores norteamericanos, y quiero que les des la mano… van a buscar un local porque ellos son misioneros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y entonces quiero que los ayudes”, yo no le dije que eran mormones”, relataba. Así, en lugares como Chimbote, Trujillo, Chiclayo y Piura, fue preparando corazones y contactos que facilitaron el trabajo misional. Años después, recibía con sorpresa y gozo, la noticia de que algunos de aquellos amigos a quienes les había pedido que ayudasen a los misioneros se habían convertido en miembros de la Iglesia.2

 

Con el paso de los años, Luis Abanto Morales veía en su posteridad la confirmación de las promesas del evangelio. Tres de sus hijos —Roland, Dorothy y Mary— sirvieron como misioneros de tiempo completo, y después lo hicieron también sus nietos, en lugares tan diversos como Chile, Estados Unidos y Ecuador. “Me siento muy feliz de que mis nietos estén activos en la Iglesia y tengan llamamientos en las organizaciones auxiliares y muy agradecido a nuestro Padre Celestial por todas y cada una de sus bendiciones”3, recordaría Luis al compartir su testimonio en una reunión conmemorativa por los 50 años de la Misión Andina el 29 de noviembre de 2009.

Familia de Abanto Morales 1956

Familia Abanto Morales, 1959. María Esther, Mary, Luis, Nancy, Dorothy y Roland.

Fuente: Curbelo, N. (2006). Perú: Investigación histórica. Vol. 2: Fotografías (Vol. 2). Harold B. Lee Library, Brigham Young University, Provo, UT. Family History, Religion and Philosophy. Call number: BX 8678.5 .C922p 2006 vol.2.

Luis Abanto Morales falleció el 14 de junio de 2017, dejando un legado que trascendió escenarios y generaciones. El Perú entero lo despidió como al cantor de su identidad más profunda, aquel que con Cholo Soy transformó la herida en himno. “Cholo soy y no me compadezcas, que esas son monedas que no valen nada… nosotros los cholos no pedimos nada, pues faltando todo, todo nos alcanza”, cantaba con la serenidad de quien sabía que la dignidad no se mide en riquezas, sino en la esperanza que sostiene al alma.

 

Ese canto, que dio voz al dolor y a la lucha de los más humildes, también reflejó la fe que guiaba su vida: la confianza en un Dios que ve a cada uno de sus hijos más allá de su condición social. Por eso, cuando su voz se apagó en esta vida, quedó encendida en la memoria de un pueblo que lo seguirá escuchando como testigo de que, aun en medio de la pobreza y la injusticia, hay un Dios que convierte el sufrimiento en fuerza y la humildad en grandeza.

 

Fuentes citadas:

 

  1. Curbelo N. Perú: Investigación histórica. Vol. 3: Publicaciones y documentos. Vol. 3. Buenos Aires, Argentina: Harold B. Lee Library, Brigham Young University, Provo, UT. Family History, Religion and Philosophy. Call number: BX 8678.5 .C922p 2006 vol.3.; 2006.
  2. Curbelo N. Perú: Investigación histórica. Vol. 1: Historias orales. Vol. 1. Buenos Aires, Argentina: Harold B. Lee Library, Brigham Young University, Provo, UT. Family History, Religion and Philosophy. Call number: BX 8678.5 .C922p 2006 vol.1.; 2006.
  3. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Falleció Luis Abanto Morales, reconocido cantante peruano [Internet]. Sala de Prensa – Noticias de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. 2017 [citado el 19 de septiembre de 2025]. Disponible en: https://noticias.laiglesiadejesucristo.org/articulo/fallecio-luis-abanto-morales–reconocido-cantante-mormon?country=peru
  4. The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints. Andes Mission manuscript history – Call number: LR 6865 2 . Salt Lake City, Utah: Church History Library; 1959.
  5. The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints. Andes Mission history, circa 1956–1962 – Call Number: LR 6865 23. Salt Lake City, Utah: Church History Library;

 

Marvin Josué Jiménez Viveros
Marvin Josué Jiménez Viveros

Marvin Josué Jiménez Viveros es miembro de la Fundación Roble del Sur. Apasionado por la historia de la iglesia en el Perú.

2 comentarios

  1. Qué hermoso artículo has escrito, te estoy muy agradecido por hacer recordar varias anécdotas de mi abuelito. Buen trabajo!

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