TIERRA DE PROMISIÓN Y PROFECÍA
Por A. Theodore Tuttle
del Primer Consejo de los Setenta y Presidente de las Misiones Sudamericanas
(Tomado de the Improvement Era)

Una simple exposición no bastaría para describir Sudamérica — la cual cubre un área dos veces más ancha que la de los Estados Unidos y casi dos veces más larga; por ejemplo, en esta tierra de diversidad y contraste encontramos un desierto (la Puna de Atacama, en el norte de Chile) más caluroso y seco que el Sahara. Los lugareños casi no conocen aquí la lluvia, Pero más allá de la Cordillera de los Andes está la cuenca del Amazonas, la zona boscosa más grande y una de las más húmedas del mundo, a través de la cual el imponente río del mismo nombre serpentea perezoso regando una región equivalente a las tres cuartas partes del tamaño de los Estados Unidos.
En su parte norte, el continente parece colgarse del Ecuador; allí el frío es desconocido. En cambio, en el extremo sur de Argentina y Chile los vientos polares, como pretendiendo recordar que la Antártida se encuentra a menos de 800 kilómetros de distancia, castigan la región durante la mayor parte del año. En el oeste y a todo lo largo del continente se extienden los Andes, montañas que se elevan a más de 7.000 metros de altura sobre el nivel del mar. No hay cadena montañosa más extensa que ésta, y sólo es superada en altura por los Himalayas.
La gente de Sudamérica no es menos diversa que la tierra misma. En algunos lugares — Bolivia, por ejemplo — el 95% de la población está compuesta por indios o mestizos. En otros — tales como Argentina (aun lindando con Bolivia) — el pueblo desciende, casi en su totalidad, de la raza europea.
La exuberante América del Sur ha sido una tierra de grandes contrastes. Hay en ellas minerales, madera y campos suficientes como para ubicar a sus países entre los más ricos y avanzados del globo, pero dichas fuentes de recurso han permanecido inexplotadas en el pasado o monopolizadas por unos pocos terratenientes y hombres de negocios. Afortunadamente, esta situación está mejorando considerablemente gracias al perfeccionamiento logrado en los medios de comunicación e implementos agrícolas y manufactureros, permitiendo que algunos países hayan podido elevar su medio de vida — notablemente evidente en Uruguay y Argentina, que han logrado desarrollar una clase media substancial. Consecuentemente, las ciudades sudamericanas son muestras de la curiosa combinación del pasado con el presente. Y así es que uno puede ver chozas de adobe a sólo pocas cuadras de un moderno rascacielos, caballos y hasta carretas de bueyes junto al más moderno de los automóviles y un vendedor callejero de frutas haciendo competencia a algún gran supermercado en las inmediaciones.
Pero quizás el hecho más importante, principalmente para los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, consiste en que Sudamérica es parte de Sión — una tierra de historia exquisita y futuro profético. También ella es parte de la Tierra Prometida a la que Lehi y su colonia llegaron orientados por el Señor. Aquí viven más de cuarenta millones de descendientes literales o parciales de aquel gran Patriarca. Fue el hogar de los Incas y otras notables civilizaciones cuyo esplendor superó aun la magnificencia del Viejo Mundo. Muchas de sus antiguas ciudades y carreteras permanecen todavía como verdaderos monumentos a la habilidad y el alto grado de cultura de estos pueblos. Conforme lo registra el Libro de Mormón, algunos de los más asombrosos dramas de la historia han acontecido sobre este suelo y los Santos de los Últimos Días valoran grandemente los numerosos hallazgos arqueológicos en tierra sudamericana, como un testimonio adicional de la veracidad de aquel libro.
De igual manera, en la historia moderna de la América del Sur, se manifiesta inconfundiblemente la mano del Señor. Cuando Cristóbal Colón descubrió primero las Islas del Caribe y más tarde desembarcó en la costa norte de lo que es hoy Venezuela, creyó haber llegado a las Indias Orientales. Y con esta ilusión permaneció hasta el día de su muerte, sin darse cuenta de que en realidad había sido divinamente orientado hacia una joya de valor mucho más grande — una tierra definida por el Señor como “escogida sobre todas las demás.” Más de trescientos años después, el mismo espíritu que había guiado a Colón inspiró a estos jóvenes países sudamericanos a luchar por su independencia y a establecer gobiernos democráticos propios, pese a sus desventajas casi abrumadoras. Del mismo modo, los valerosos patriotas de varios de estos países desafiaron la profundamente arraigada tradición y lograron separar la iglesia predominante del Estado, proveyéndose así una atmósfera de libertad y tolerancia religiosas en la que más tarde el evangelio pudiera ser eficazmente predicado. Todo esto fue necesario como una preparación para el cumplimiento de profecías aún más grandes en los años venideros.
Unos veinticuatro siglos antes, el Señor había concedido al profeta Nefi una visión acerca de su posteridad en los últimos días. Nefi vió que la fe de sus descendientes disminuiría eventualmente y que terminarían siendo desviados por los gentiles sobre esta tierra. La historia testifica del cumplimiento literal de esta predicción. Pero en aquella misma oportunidad el Señor prometió a Nefi que después que su simiente fuera por un tiempo afligida, finalmente habría de recuperar su estado original como un pueblo civilizado, educado y escogido del Señor: “Y el evangelio de Jesucristo será declarado entre ellos; por lo que les será restaurado el conocimiento de sus padres, como también el conocimiento de Jesucristo que sus padres habían tenido.
“Y entonces se regocijarán; porque sabrán que les es una bendición de la mano de Dios; y las escamas de tinieblas empezarán a caer de sus ojos; y antes que pasen muchas generaciones entre ellos, se convertirán en una gente blanca y deleitable.” (2 Nefi 30:5-6.)
Después de la muerte del último de los nefitas, alrededor del año 400 de esta era, dicha profecía permaneció sin ser cumplida, en cuanto a las naciones de Sudamérica, por más de 1.400 años. Finalmente, en noviembre de 1851, respondiendo a un llamamiento de la Primera Presidencia de la Iglesia de Jesucristo, Parley P. Pratt arribó a Valparaíso (Chile), acompañado por su esposa, Phebe, y el élder Rufus Alien, intentando primero aprender el lenguaje español e iniciar luego la predicación del evangelio en esa tierra.
Encontraron que la gente era bastante amigable y sociable, pero “en general. . . católicos devotos,” y preocupados por una guerra civil que amenazaba al país. Era evidente una activa oposición al presidente de la nación, por parte de un grupo de insurrectos; y encontrándose los misioneros todavía en Chile, los rebeldes entablaron con las fuerzas leales la batalla más sangrienta de aquella guerra. La incertidumbre consecuente a esta situación colocó en una real desventaja al élder Pratt y su grupo, puesto que esta “nueva” religión tenía que competir con la perturbadora situación política de aquel entonces, para poder lograr la atención de la gente.
Estos misioneros no hablaban fluentemente el idioma español y les resultó difícil conseguir un trabajo que les permitirá subsistir. Finalmente decidieron regresar y prepararse para una ocasión más oportuna en la cual comenzar la obra misional allí. En una carta al presidente Brigham Young que escribió durante su viaje de regreso, el élder Pratt decía lo siguiente: “En el segundo día de marzo (1852) nos embarcamos con rumbo a San Francisco, ‘careciendo de una suficiencia en el lenguaje que nos permitiera dar vuelta a las llaves de la predicación del evangelio para beneficio de estas naciones. hemos permanecido allí hasta que todos nuestros medios quedaron exhaustos y que nuestro camino fuera abierto; pero no habiendo podido hablar bien la lengua para predicar el evangelio ni encontrado un medio que facilitara nuestra subsistencia, hemos considerado necesario regresar a California,” En esa misma, carta el élder Pratt habló de un día más brillante en el futuro para la obra del Señor en Sudamérica que habría de resultar por último en “la restauración de innumerables millones de la casa de Israel y de José — aun de muchas naciones esparcidas a lo largo de esta importante porción de la tierra, . . . sabiendo que Dios, que ha declarado ciertas cosas, hará que ello sea llevado a cabo en su propio y debido tiempo.” (Autobiografía de Parley P. Pratt, páginas 397-401.)
Cerca de setenta y cinco años debieron pasar antes de que pudiera hacerse otra tentativa de introducir el evangelio en América del Sur.
Antes de y durante el año 1925, varios Santos llegaron, procedentes de Alemania, a las playas de Buenos Aíres, Argentina, Entre ellos estaban las familias de Kulliek, Biedersdorf, Friedrichs y Hoppe. Estas familias se habían puesto en contacto por correspondencia con la Primera Presidencia de la Iglesia, a la que solicitaron que se enviaran misioneros a su tierra de adopción.
El 3 de septiembre de 1925, el presidente Heber J. Grant anunció que la Primera Presidencia había estado considerando, durante un año y medio, la posibilidad de abrir una misión en Sudamérica y que habiéndose llegado a la conclusión de que era el tiempo indicado para hacerlo, uno de los Doce sería comisionado para ello. Posteriormente dio a saber que el élder Melvin J. Ballard, del Consejo de los Doce, había sido escogido para la tarea, y que sería acompañado por los presidentes Rulon S. Wells — que hablaba alemán —- y Rey L. Pratt (nieto de Parley P. Pratt y Presidente, a la sazón, de la Misión Mexicana) — que hablaba español—, ambos del Consejo de los Setenta. Este anuncio fue dado a los miembros de la Iglesia durante la Conferencia General Semestral de octubre de 1925.
El 6 de diciembre del mismo año, los élderes Ballard, Wells y Pratt telegrafiaban a la Primera Presidencia, desde Buenos Aires, la noticia de su arribo. Luego de ello se presentaron ante el Intendente de la ciudad y otros prominentes oficiales del gobierno, a quienes mostraron sus credenciales.
Seis días después — el 12 de diciembre de 1925 — los mencionados hermanos bautizaron en el Río de la Plata a seis personas, todas de ascendencia alemana, que habían conocido previamente el evangelio en su tierra natal. En la oportunidad se procedió también a llevar a cabo algunas ordenaciones y promociones en el sacerdocio.
El día de la Navidad, los hermanos madrugaron para llegar a las siete de la mañana al “Parque Tres de Febrero” — conocido hoy como Palermo, en Buenos Aires. Los élderes Ballard, Wells y Pratt celebraron allí una reunión durante la cual manifestaron sus testimonios y el primero de los nombrados ofreció una oración dedicando la tierra Sudamericana para la predicación del evangelio. Después de agradecer al Señor por el privilegio que tenían de poder estar allí, como así también suplicarle Sus bendiciones sobre la obra en general, el Apóstol continuó diciendo:
“Bendice a los presidentes, gobernadores y líderes de estos países Sudamericanos, a fin de que nos reciban con bondad y nos concedan el permiso para abrir las puertas de la salvación a los pueblos de esta tierra. Que sean bendecidos en la administración de los asuntos pertinentes a sus varios oficios, que una gran buena voluntad pueda manifestarse entre la gente y que la paz cubra a estas naciones que Tú has hecho libres mediante las bendiciones que has concedido a sus valientes libertadores, y que la justicia pueda proveer una completa libertad para la predicación de Tu evangelio.
“Detén los poderes del mal, para que no prevalezcan sobre Tu obra; que todos Tus enemigos sean sojuzgados y que Tu verdad triunfe.
“Y ahora, oh Padre, en virtud de la bendición y el llamamiento recibidos del Presidente de la Iglesia, y por la autoridad del Santo Apostolado que poseo, doy vuelta a la llave y abro la puerta para la predicación del evangelio en todos estos pueblos Sudamericanos; y bendecimos y dedicamos las naciones de esta tierra para la predicación de Tu evangelio. Y hacemos esto para que la salvación pueda llegar a todos los hombres y Tu nombre sea honrado y glorificado en esta parte de la tierra de Sión,” (Sermones y servicios misionales de Melvin Joseph Ballard, por Bryant S. Hinckley, página 97.)
Algo después el hermano Ballard escribió: “A continuación entonamos el himno Loor al Profeta, Cada uno de los hermanos habló brevemente con respecto a su misión allí y a su deseo de hacer todo lo posible por establecer la obra del Señor, de su perfecto amor por sus semejantes y por el plan divino. El espíritu de que disfrutamos fue glorioso. Nos bendijimos unos a otros y manifestamos nuestro presentimiento de que como consecuencia de la inauguración de esta misión, muchos europeos residentes en aquella tierra recibirían el evangelio; pero que, principalmente, la obra misional habría de ser para los indígenas. Fue aquel un día inolvidable. Todos estábamos visiblemente afectados. Nuestro gozo fue expresado con lágrimas.” (Ibid.)
El hermano Wells no gozaba entonces de buena salud y su problema había sido diagnosticado como disminución sanguínea, resultante del endurecimiento de sus arterias; por consiguiente, después de comunicarse con el presidente Grant, regresó por barco a los Estados Unidos. El apóstol Ballard y el presidente Pratt continuaron diligentemente su trabajo misional.
El 6 de junio de 1926 llegaban a Argentina cuatro misioneros adicionales: el presidente Reinhold Stoof, su esposa, Ella, y los élderes J. Vernon Sharp y Waldo Stoddard. Los hermanos Ballard y Pratt recibieron de la Primera Presidencia instrucciones de regresar a Salt Lake City tan pronto como los nuevos misioneros fueran encaminados en la obra.
Poco antes de su partida, en una reunión de testimonios realizada en Buenos Aires con los, Santos alemanes el 4 de julio de 1926, el élder Ballard pronunció la siguiente declaración profética:
“La obra del Señor se llevará a cabo aquí en forma lenta por cierto tiempo, tal como un roble crece lentamente desde una bellota. No florecerá en un día como el girasol, que se desarrolla rápidamente y luego muere, pues miles se unirán a la Iglesia. Esta tierra será dividida en más de una misión y llegará a ser una de las más fuertes del Reino. La obra es ahora muy pequeña aquí, pero vendrá el día en que los lamanitas de esta tierra tendrán su oportunidad. La misión Sudamericana será una potencia en la Iglesia,” (Tomado de un diario de J. Vernon Sharp.)
Un acontecimiento muy significativo sucedió el día del arribo de los cuatro misioneros adicionales ya mencionados. El élder Sharp relata: “La fecha de nuestro arribo, el 6 de junio, fue un domingo. Inmediatamente nos trasladamos a la Rama existente sobre la calle Rivadavia, número 8968, donde se estaba llevando a cabo una reunión con algunos Santos alemanes y unos pocos investigadores argentinos. Dicha reunión estaba siendo conducida por el presidente Rey L. Pratt, puesto que el élder Ballard había ido al puerto a recibirnos. Yo fui llamado a dar un discurso en español; el presidente Pratt debía interpretarlo en inglés, a fin de que el presidente Stoof, que no sabía español, pudiera traducirlo al alemán. Sin embargo, ni bien hube comenzado a hablar, el hermano Stoof dijo que estaba entendiendo perfectamente cada palabra que yo pronunciaba. Y al terminar mi discurso, se levantó y lo tradujo palabra por palabra en alemán. Grande fue la sorpresa de las personas de habla hispana allí presentes, cuando se enteraron que el presidente Stoof no hablaba español. Hasta el último de sus días el hermano Stoof comentó siempre está ocasión en la que él disfrutó del don de lenguas.”

Estas fotografías, tomadas en 1926 en Argentina, nos muestran (de izquierda a derecha) al élder J. Vernon Sharp, al presidente Rey L. Pratt, a las hermanas Rogelia Morales y Eladia Cifuentes (considerada ésta la primera miembro nativa), el apóstol Melvin J. Ballard y a los esposo Stoof.

A la derecha y en igual orden, el presidente Reinhold Stoof, su esposa Ella, el apóstol Melvin J. Ballard, el presidente Rey L. Pratt y el élder Sharp, en el Parque Tres de Febrero (hoy Palermo), Buenos Aires.

El élder Melvin J. Ballard, del Consejo de los Doce, posa junto a su inseparable compañero, el presidente Rey L. Pratt.

El presidente Rey L. Pratt bautizando en Dock Sur (Buenos Aires) a la hermana Eladia Cifuentes, primera miembro argentina.
En aquella época, era muy difícil progresar significativamente en la obra, dado a que los adultos no estaban muy interesados en ella. Los misioneros descubrieron finalmente que mediante el establecimiento de Escuelas Dominicales en los varios suburbios de la ciudad, podía fomentarse el interés entre los jóvenes y eventualmente entre los padres. El hermano Sharp hace referencia a dos eventos que él considera como decisivos con respecto al establecimiento de la Iglesia en Sudamérica:
“En el barrio de Liniers (Buenos Aires), había una pequeña niña italiana de quizás seis años de edad, la cual vino a mí cierto día y me dijo que sus padres no la dejaban concurrir a la Escuela Dominical. Cuando le pregunté cómo era entonces posible que ella estuviera siempre presente en la misma, me contestó que junto con su hermano menor iban primeramente a la casa de su tía para poder, desde allí, concurrir a la Escuela Dominical con sus primos. Aconsejé a la niña que antes que nada debía de obedecer a sus padres, lo cual ella prometió hacer.
“Poco tiempo después la niña enfermó gravemente de sarampión, complicado con viruela. Tan enferma estaba, que en un día martes perdió el conocimiento. El viernes siguiente volvió en sí y reconociendo a su madre, le preguntó: ‘¿Qué día es hoy?’ Cuando supo que era viernes, agregó: Todos los viernes los misioneros tienen una reunión en la casa de la hermana Molares y si no llevo flores allí pensarán que me pasa algo.’ Estas fueron las últimas palabras pronunciadas por Rosa — éste era su nombre — antes de expirar. Está de más decir que esto causó una profunda impresión entre los familiares y vecinos de la niña, quienes se maravillaron de que sus últimos pensamientos fueran para los misioneros y su obra. Llegamos a saber esto porque a raíz de sus pobres circunstancias, la familia no podía solventar los gastos para el funeral y la iglesia a la que pertenecían no administraba funeral alguno a los que no podían pagarlo; y así fue que los misioneros ofrecimos efectuarle uno, lo cual se hizo con el consentimiento de los padres.
“Entre aquellos que quedaron más impresionados por la devoción de la pequeña niña, había una humilde familia de ascendencia italiana, de nombre Gianfelice, y también otro hombre llamado Domingo Guicci, Antes de la partida del élder Ballard, él y yo dejamos un folleto en el hogar de esta gente. Subsiguientemente, unos pocos días más tarde, ambos hombres (Donato Gianfelice y Domingo Guicci) fueron atacados, seria mente heridos y despojados. Por un tiempo debieron permanecer en el hospital y luego regresaron al hogar de los Gianfelice para completar allí su convalescencia. En aquella época ninguno de los dos hombres podía leer, pero la hermana Gianfelice sí, quien entonces les leía el folleto Una discusión amigable; y ellos comenzaron a interesarse en la Iglesia. Poco después, eran visitados por los élderes Ballard, Pratt, Stoddard y yo mismo. Cuando el interés de la gente comenzaba a manifestarse, los hermanos Ballard y Pratt debieron regresar a los Estados Unidos. Las familias mencionadas habían estado también investigando otra iglesia. El pastor de la misma desafió al suscripto a un debate. Después de mucha conversación y renuencia, se llegó a un acuerdo. Pero cuando el hermano Gianfelice llevó la respuesta al pastor, éste dijo: ‘Le apuesto diez pesos a que ganaremos nosotros, porque yo soy nativo del país y el élder Sharp no puede tener el conocimiento del idioma que yo tengo’ Entonces el hermano Gianfelice le respondió: ‘En tal caso, no habrá debate alguno, porque no puede haber sino una sola Iglesia y nosotros no apostamos acerca de algo tan sagrado como lo es la Iglesia Verdadera’ Posteriormente, esta familia fue bautizada. En la actualidad, un hijo del hermano Donato Gianfelice — Antonio — es el primer consejero de la Presidencia de la Misión Argentina. Otras dos de sus hijas, han servido como misioneras.”
Después de estos bautismos, aunque lentamente, tal como el hermano Ballard lo había predicho, la obra comenzó a progresar. La predicción del Apóstol (en cuanto a que Sudamérica sería dividida en más de una misión) se cumplió en 1935, con la inauguración de las Misiones Brasileña y Argentina. Un cumplimiento más cabal se produjo en 1947, cuando la tercera y más pequeña de las Misiones Sudamericanas — la Uruguaya — fue creada. El total de miembros de la Iglesia en aquel entonces, en las tres misiones, era de 1.300 aproximadamente; 159 misioneros trabajaban en la obra.
En los últimos quince años la profecía del élder Melvin J. Ballard ha continuado cumpliéndose literalmente. En la actualidad, siete son las Misiones Sudamericanas y otras serán indudablemente creadas en el futuro. De todas éstas, dos son de habla portuguesa (la Brasileña y la Brasileña del Sur) y cinco de habla hispana (las Misiones Argentina, Uruguaya, Andina, Chilena y la recientemente inaugurada Argentina del Norte). Más de 1.000 misioneros están predicando el evangelio en estos países con un éxito sorprendente. En lo que a las Misiones Sudamericanas respecta, el tiempo del gran “apresuramiento” de la obra del Señor, que había de tener lugar en los últimos días, ha llegado.
Las Misiones Argentinas
Los ravioles, la pizza y los macarrones, representan la variedad de comidas frecuentemente servidas en la Casa de la Misión Argentina, en Buenos Aires. Un crisol de condimentadas e intrínsecas costumbres, pueblos y religiones de origen europeo, la República Argentina ha hospedado a los mormones desde el comienzo de la Misión Sudamericana, en 1925.
Desde el arribo del apóstol Melvin J. Ballard y los élderes Rulon S. Wells y Rey L. Pratt a las playas argentinas a fin de dedicar dicha tierra y las circunvecinas para la predicación del evangelio, Buenos Aires ha sido el punto central de la actividad proselitista de la Misión Sudamericana. Después de su división, diez años más tarde — el 14 de agosto de 1935 —, el hermano W. Ernest Young llegó a la cosmopolita capital como Presidente de la flamante Misión Argentina, haciendo de dicha ciudad le sede de la misma.
Con gran éxito los misioneros han visitado a las gentes que moran en viviendas techadas con paja en Papagayos (San Luis) como las que habitan en la moderna ciudad capital de Buenos Aires. En la Misión Argentina solamente, el número de bautismos en 1962 alcanzó a 1.034, anticipándose otros 1.500 para el año en curso.
Argentina se caracteriza por su notable combinación de lo nuevo y moderno con lo antiguo. Italianos, alemanes, franceses, ingleses, árabes, griegos, rusos, japoneses y muchos otros pueblos están representados en un mayor o menor grado, habiendo traído con ellos al país diferentes tradiciones, costumbres y religiones. Aproximadamente un 90% del pueblo argentino es de origen europeo, un poco menos del 9% es mestizo y el resto (menos del 2%) es de ascendencia indígena pura. Los inmigrantes más ancianos generalmente prefieren continuar hablando su idioma nativo, pero las generaciones jóvenes hablan castellano.
La división que de la Misión se efectuó en 1935, dejó a Argentina con 14 misioneros, 255 miembros de la iglesia y sólo un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec. Veintiocho años más tarde, después de posibilitar el nacimiento de otras tres misiones — la Uruguaya, la Chilena y la Argentina del Norte —, la Misión Argentina orgullosamente cuenta con 180 misioneros, 5.024 miembros, 215 miembros del Sacerdocio de Melquisedec, 14 misioneros locales y otros 50 de Distrito.
“Nuestro objetivo final es conseguir los medios y facilidades para cubrir al país con hermosas capillas y por último con templos.” Esta declaración hecha por W. Ernest Young, el primer Presidente de la entonces joven Misión Argentina, ha constituido un desafío constante. Todos los presidentes que le sucedieron, han estado dando pasos cada vez más progresistas hacia dicha meta.
La primera capilla, cuya construcción se inició bajo la presidencia del hermano Young, fue dedicada en 1939 por el segundo Presidente de la Misión, Frederick S. Williams, quien también logró reconocimiento y popularidad a través de artículos periodísticos que hallaron de la dedicación del edificio y del equipo misionero de básquetbol denominado “Los Mormones”.

El apóstol Melvin J. Ballard, al pasar en su viaje de regreso, por la tierra de los incas.
Varias capillas han sido recientemente dedicadas. El programa misional de edificación ha logrado un alto nivel de producción en Argentina y consiste en procurar que los miembros locales dediquen su tiempo, por un período determinado, a la construcción de capillas.
Durante su visita en mayo de 1956, y en uno de sus discursos pronunciados en la ciudad de Rosario, el élder Henry D. Moyle (en la actualidad miembro de la Primera Presidencia de la Iglesia), dijo: “Costó a los Santos en Europa unos cien años el preparase para aquel templo [el Templo de Suiza]. Para ello, debieron tener lista su genealogía; y quiero prometeros que vendrá el día en que tendremos un templo en Sudamérica. Y ese día vendrá tan pronto como los miembros estén preparados para ello.”
Los primeros misioneros llegaron pronto a la conclusión de que toda iglesia que practicara la actividad misional estaba representada en Argentina. La iglesia adoptada por el Estado es la Católica Romana, institución apoyada política y económicamente por el gobierno, pero existen muchas otras denominaciones. La religión judía es la segunda en tamaño, teniendo más de 400.00 miembros. Gracias a la existencia de la libertad religiosa, la mayoría de los grupos protestantes no tuvo dificultad para introducirse en Argentina. Para la Iglesia Mormona, sin embargo, no fue fácil establecerse.
En 1939, la tensión de la pre-guerra fue bastante grande en el país. En la noche del 8 de abril, trece policías allanaron la Casa de la Misión, por motivo de la equivocada presunción de que la misma estaba sirviendo como centro de reunión de los Nazis. Y a raíz de la declaración de la guerra, los misioneros fueron gradualmente relevados sin reemplazo, durante el ejercicio misional del presidente James L. Barker. Los miembros locales fueron entonces dejados a cargo de las responsabilidades administrativas y de dirección en las Ramas.
En 1944, el presidente W. Ernest Young regresó para hacerse nuevamente cargo de la Misión Argentina. Con él vinieron su hijo y dos misioneros transferidos de la Misión Mexicana, quienes viajaron extensamente visitando a los miembros, bendiciendo a sus niños y ayudando a mantener las pocas Ramas establecidas, hasta que los élderes comenzaron a llegar regularmente en 1946. Durante estos años de escasez muchos hermanos nativos hicieron grandes sacrificios para fomentar la obra del Señor. Uno de estos miembros fieles recorrió cientos de kilómetros mensualmente, como Presidente de Distrito, a fin de administrar la Santa Cena para los miembros de su jurisdicción. Con el regreso de casi 100 misioneros, la Misión comenzó a prosperar rápidamente.
Sin embargo, poco después de su arribo en 1949, el nuevo Presidente de la Misión, Harold Brown, y su esposa fueron arrestados bajo cargos infundados; luego, una vez dejados en libertad, les fue ordenado no predicar. Presentándose ante el Consulado de los Estados Unidos, el presidente Brown protestó acerca del tratamiento que la Iglesia estaba recibiendo. No obstante, muchas Ramas debieron ser clausuradas y el presidente Brown y su esposa fueron amenazados con ser expulsados del país. Los funcionarios del gobierno rehusaron registrar oficialmente a la Iglesia, haciendo de esta forma ilegal su operación. Los misioneros comenzaron a tener problemas con respecto a la obtención de visas y en algunos casos les fue ordenado abandonar el país. Finalmente, los derechos propios de la Iglesia fueron reconocidos y su debida registración otorgada.
Gracias al desarrollo de programas deportivos y musicales, el prejuicio en contra de la Iglesia fue disminuyendo y los misioneros comenzaron a ganar la confianza de la gente. Un cuarteto musical, una orquesta y un coro, fueron medios que lograron nuevos investigadores para los programas religiosos.
El presidente Stephen L Richards, primer Apóstol que visitó Argentina después del hermano Ballard, obtuvo buena publicidad y respeto para la Iglesia por parte de la nación, en 1948. Un reconocido diario argentino, comentó: “El apóstol Richards tiene una noble y venerable apariencia, propia de su alta dignidad.”
En los primeros meses de 1947, algunos misioneros locales fueron llamados a la obra proselitista en Montevideo (Uruguay), a la sazón una Rama de la Misión Argentina. En agosto de ese mismo año, la jurisdicción uruguaya pasaba a ser una nueva Misión autónoma.
Durante su gira por Sudamérica, el presidente David O. McKay visitó al General Perón, entonces primer dignatario de la República Argentina, quien mostró poseer un considerable conocimiento acerca de la Iglesia y ofreció el Teatro Nacional Cervantes, libre de todo cargo, para la realización de conferencias a las que asistió un gran número de personas para escuchar los mensajes del Profeta. El recuerdo de la inspiradora visita del presidente McKay todavía mora en los corazones de los Santos argentinos.
Además de ser un pueblo amante de la libertad, los argentinos son muy leales y patriotas. Casi cada uno de ellos, aun habiendo nacido en el extranjero o ser descendiente de extranjeros, reclama orgullosamente ser argentino.
Argentina es un país de contrastes, con diversos niveles climáticos — desde las heladas zonas de Tierra del Fuego en el sur, hasta los ambientes casi tropicales de Jujuy, en el Norte.
El pueblo argentino es quizás el que posee el mayor grado de educación en toda Sudamérica. En las elecciones de 1962, sólo la décima parte de la población adulta que votó era analfabeta, a estar por las declaraciones de uno de los principales diarios del país. (El voto es obligatorio para todo ciudadano mayor de dieciocho años y su infracción es penada con multas.) En Argentina se tiene un gran respeto por los maestros y un saludo formal es utilizado diariamente. La juventud está bien informada acerca de la mayoría de los temas y particularmente interesada en el estudio de otros países y pueblos.
Domingo F. Sarmiento, el padre del programa educacional argentino, viajó mucho por los Estados Unidos y Europa en 1845 -1847, estudiando los entonces modernos sistemas de educación. Más tarde estableció en su propio país escuelas normales, colegios y un observatorio nacional.
Durante la revolución de principios de 1800, los españoles debieron luchar denodadamente a lo largo de la frontera con Brasil; pero finalmente, la ayuda y valentía de los gauchos definió la batalla y la libertad fue conseguida.
El gran libertador de Argentina fue Don José de San Martín. El conocido “Santo de la Espada” era un entusiasta luchador por la libertad no sólo de su patria sino también de la de sus vecinos. Usando el paso de Uspallata atravesó los Andes — proeza mayor que la de Aníbal o Napoleón cuando cruzaron los Alpes — en ayuda de Chile y Peni.
Un anuncio do gran importancia fue dado el 26 de mayo de 1955: Chile había sido anexado a la Misión Argentina. El entonces Presidente de la misma, hermano Lee B. Valentine, viajó a Santiago para organizar la primera Rama allí. Otras Ramas fueron pronto establecidas y en 1959 Chile pasó a ser parte de la nueva Misión Andina.
El número de miembros aumentó considerablemente bajo la activa dirección del presidente Lorin N. Pace, quien con su esposa viajó a lo largo de todo el país. Para entonces, el programa de edificación estaba decididamente en marcha; y en diciembre de 1961 se dedicó la hermosa capilla de Caseros.

C. Laird Snelgrove
Presidente de la
MISIÓN ARGENTINA
Durante la presidencia del hermano C. Laird Sneigrove, veintitrés nuevas Ramas han sido organizadas, haciendo un total de cincuenta y cuatro. El presidente Spelgrove relata que en una ocasión mientras en uno de sus viajes sobrevolaba un pueblo llamado San Rafael, en la provincia de Mendoza, tuvo la súbita impresión de que mucha gente en ese lugar estaba esperando el evangelio. Inmediatamente envió élderes a investigar y en menos de un año San Rafael tenía una Rama con más de 70 miembros, la que continúa creciendo con rapidez.
Los misioneros que han trabajado en Argentina recuerdan muy bien los asados, originarios del gaucho de las Pampas, o las reuniones callejeras en el Parque de Bahía Blanca, cuando acostumbraban a llevar en un carro tirado por caballos el órgano de la capilla. Muchos de ellos tuvieron la experiencia de predicar en una biblioteca pública, hablar por radio, participar en concursos, exponer al aire libre cuadros del Libro de Mormón o preparar un informe sobre las actividades de la Iglesia para el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.
Un gran número de misioneros recordará cuando la Sociedad de Socorro vendió azúcar o cada vez que el valor del dólar cambiaba con respecto al peso.
En la actualidad, los misioneros están teniendo un éxito notable en Argentina, visitando funcionarios del gobierno, utilizando métodos de buena voluntad, valiéndose de tarjetas de referencia, realizando programas radiales, de talentos y de escultismo, mostrando transparencias fotográficas y participando en actividades atléticas — siendo todo esto de gran ayuda para sus labores proselitistas y para el establecimiento de relaciones cordiales con el pueblo Argentino y sus autoridades.

Ronald V. Stone
Presidente de la
MISIÓN ARGENTINA
DEL NORTE
Poco después de haber sido designado para presidir sobre las Misiones Sudamericanas en 1961, el presidente Tuttle recomendó que la Misión Argentina fuese dividida. Consecuentemente, el 5 de mayo de 1962, el élder Ronald V. Stone fue llamado a presidir sobre la nueva jurisdicción — la Misión Argentina del Norte.
Luego de esperar tres meses para la concesión de las visas y permisos de entrada, la formal inauguración se llevó a cabo el 16 de septiembre del mismo año, durante una conferencia realizada en Córdoba bajo la conducción del presidente A. Theodoro Tuttle. La Misión Argentina del Norte comprende las provincias de Catamarca, Córdoba, Comentes, Chaco, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, San Juan, San Luis, Santiago del Estero, Tucumán y Santa Fe (al norte del paralelo 32). Dos meses más tarde, se inició la edificación de la Casa de la Misión.
El presidente Stone, quien fue misionero en Argentina desde 1950 a 1952, está utilizando con mucha eficacia algunos comités de publicidad y un programa en base al cual los misioneros son designados para entrevistar a los distintos funcionarios cívicos, gubernamentales o institucionales, informándoles los propósitos y progresos de la Iglesia en Argentina y a través del mundo. Siendo una notable cantante, la hermana Stone está asimismo logrando publicidad para la Iglesia mediante sus agradables programas radiales por la onda Nacional del Estado, en la ciudad de Córdoba.
La Misión Argentina del Norte tiene 23 Ramas con un total de 1.958 miembros, y cuenta con unos 73 misioneros. La 68a. de la Iglesia en el mundo, es la séptima Misión separada de la originalmente denominada Sudamericana que tuvo su humilde comienzo 38 años antes.

En esta fotografía vemos a los hermanos Guicci y Gianfelice (segundo y tercero de la izquierda) junto a la hermana Gianfelice, dos de sus hijos, los élderes J. Vernon Sharp y Waldo Stoddard (segundo y tercero de la derecha), y otros cuyos nombres se desconocen.

Diez meses después de celebrada la primera Escuela Dominical en Sudamérica, tuvo lugar la segunda reunión, la cual contó con 56 personas presentes, incluyendo varios niños. La foto nos muestra una parte del grupo, después de la clase.
Las Misiones de la Cordillera
Por mucho tiempo se creyó que el apóstol Melvin J. Ballard y el presidente Rey L. Pratt visitaron Chile al iniciar la obra misional en Sudamérica en 1925 – 1926. Una Cuidadosa investigación acerca del viaje de dichas Autoridades Generales, sin embargo, indicó que ellos arribaron a Buenos Aires por la vía del Atlántico en 1925, y que en su viaje de regreso visitaron La Paz (Bolivia) y Mollendo (Perú), pero que no pasaron por la tierra de Chile, la cual, paradójicamente, es una de las más antiguas y a la vez de las más nuevas de las Misiones de la Iglesia.
En 1927, el élder J. Vernon Sharp, en su viaje de regreso, después de haber completado su misión en Argentina, fue comisionado por la Primera Presidencia para investigar las posibilidades religiosas en Bolivia y Perú. El hermano Sharp viajó por esas regiones entre el 25 de abril y el 25 de junio del referido año; su informe indicó que el tiempo no era todavía apropiado para que la Iglesia estableciera una Misión en estos países.
Fue en Chile donde el élder Parley P. Pratt, del Consejo de los Doce, trató primeramente de inaugurar la obra evangélica, pero la misma pudo reiniciarse sólo cien años después. En 1952, el hermano William Fotheringham se estableció en Santiago, la capital de Chile, junto con su familia. Pronto comenzó a escribir cartas expresando su opinión de que los misioneros podrían encontrar allí campo provechoso.
Chile tiene depósitos minerales muy similares a los que existen en Utah; fue natural, entonces, que desde ésta alguien llegara a Chile, con el correr de los años, para dedicarse a la minería. Y así fue que E. L. Folsoms y su familia se radicaron en el país cordillerano desde 1928 hasta 1944. La Iglesia no estaba oficialmente organizada en Chile y por tanto lo que ellos hicieron fue extraoficial. La hermana Folsoms relata haber organizado una Primaria allí (ella había sido miembro de la Mesa Directiva General de la Asociación Primaria) en la que enseñó a los niños a cantar himnos en español.
Durante su gira por América Latina, el presidente David O. McKay y sus acompañantes permanecieron durante todo el día 9 de febrero de 1954 en Santiago de Chile, donde fueron huéspedes de los Fotheringham — considerados los únicos miembros de la Iglesia en Chile. Al día siguiente, la comitiva presidencial arribaba a Lima, la capital de Perú, visitando y alentando a un pequeño grupo de Santos que habitaban dicho país.
El 23 de junio de 1956, bajo la dirección del presidente Lee V. Valentine, de la Misión Argentina, fueron enviados dos misioneros a Santiago para iniciar la obra misional en dicha región. El hogar de los Fotheringham fue puesto a disposición de ellos y pasó a ser su base de operaciones. Un par de meses antes, el hermano Frederíck S. Williams — quien presidiera sobre las Misiones Argentina y Uruguaya —, había enviado la siguiente interrogación a la Primera Presidencia: “¿Qué podríamos hacer para integrar nuestro pequeño grupo mormón en Lima a la jurisdicción de una Misión?” En consecuencia la Primera Presidencia recomendó que dos misioneros fueran enviados al Perú.
El presidente Henry D. Moyle, entonces miembro del Consejo de los Doce, llegó a Santiago en 4 de julio de 1956 para estudiar la posibilidad de acelerar allí la obra misional. Durante su estada, bendijo tanto a la tierra como al pueblo en una ferviente oración, profetizando que la obra misional habría de prosperar.
Esa misma semana, el élder Moyle y sus acompañantes llegaron a Lima, donde entrevistaron a algunos oficiales del gobierno — tal como hicieron en Chile — y en el transcurso de un adecuado servicio religioso, bendijo y profetizó acerca de la tierra y el pueblo peruanos en la misma forma en que lo hizo en la vecina república.
La primera Escuela Dominical oficial fue llevada a cabo en Lima el 8 de Julio de 1956, en el hogar de Frederick S. Wiliams. Esa misma tarde, a las cinco y media, la Rama de Lima era organizada en la casa del hermano Charles Howard Shaw, bajo la dirección del Presidente Moyle. El hermano Williams fue apartado como Presidente de la Rama, con los élderes Stanley A. More y Charles H. Shaw como consejeros.
La primera Rama de la Iglesia en Chile fue organizada en el área de Santiago conocida como Ñuñoa. Trece residentes norteamericanos miembros de la Iglesia asistieron a la primera reunión. Más tarde, el 25 de noviembre de 1956, Ricardo García, Isidro Soldano, su esposa, una sobrina y Sally Lanzarotti y sus dos hijos fueron bautizados, siendo los primeros chilenos miembros de la Iglesia.
Poco tiempo después se organizó la Rama de Providencia, también en Santiago. Esta es una hermosa ciudad con más de dos millones de habitantes. Su locación es pintoresca; a unos treinta kilómetros de distancia, las montañas Andinas — a más de 7.000 metros de altura sobre el nivel del mar — dejan contemplar claramente su majestuosidad.
Otras Ramas fueron inaugurándose — Concepción, Viña del Mar, Valparaíso… En abril de 1959, el élder Spencer W. Kimball, del Consejo de los Doce, visitó Chile y Perú durante su gira por las Misiones Sudamericanas. A poco la Primera Presidencia anunciaba la formación de una nueva Misión: Perú sería desmembranada de la misión Uruguaya y Chile de la Argentina, integrando ambas la flamante Misión Andina. Tiempo después Bolivia le era anexada.
Para la organización oficial de la Misión Andina (y también de la Brasileña del Sur), viajó especialmente a Sudamérica el élder Harold B. Lee, del Consejo de los Doce, quien hablando en los servicios inaugurales en Lima, el 1 de noviembre de 1959, dijo: “En mi opinión, no hay otras misiones en el mundo que cuenten con tantas promesas como las misiones de Sudamérica.”
Conforme a un anuncio dado a conocer el 14 de julio de 1959, el élder James Vernon Sharp, de Salt Lake City, fue designado Presidente de la Misión Andina. Este dedicado misionero, fue el mismo que treinta años antes había hecho la exploración de Bolivia y Perú por comisión de la primera Presidencia, para determinar las posibilidades misionales de la zona.
En la época de la formación de la Misión, había veinticinco misioneros trabajando en Chile y veinte en Perú; la cantidad de miembros alcanzaba a cerca de 500 en Chile y 300 en Perú; Chile tenía siete Ramas organizadas y Perú cinco. Las estadísticas indicaron que el promedio de horas de trabajo misional que la conversión de un miembro requería era allí menor que el de aquellas Misiones a las que originalmente habían pertenecido.
En 1959 la Iglesia poseía ya capillas en ambos países. El élder Lee anunció que mientras la cabecera de la Misión iba a ser establecida en Lima, la Rama de Providencia, en Santiago, serviría como sede misional auxiliar y centro del Distrito Chileno.
La Misión Andina fue la 50a. organizada en la Iglesia, siendo en su oportunidad conocida como la más larga de las Misiones, puesto que se extendía desde las nevadas regiones de sur de Chile hasta unos 7.000 kilómetros al norte, donde era rematada por las antiguas ruinas de Cuzco y Machu-Picchu en Perú. Tenía también la capilla más alta de la Iglesia, en Toquepala (Perú), a más de 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar.
Lima, la capital peruana, había sido también, desde su fundación en 1534 hasta la independencia de las repúblicas sudamericanas a principios del siglo XIX, la capital del Virreynato Español del Alto Perú. La ancha y fértil llanura en que se asienta la ciudad de Lima, a ambos lados del río Rimac, parece sumergirse suavemente en el mar. Con sus crestas a unos 150 kilómetros de la ciudad, los Andes extienden sus laderas casi hasta las puertas de la misma. Prescott, el historiador de América Latina, escribió: “En medio del pesar y la destrucción que Pizarro y sus seguidores trajeron a la devota tierra de los Incas, Lima, la hermosa ciudad de los reyes, sobrevive aún como la obra más gloriosa de aquella creación. Lima es la más bella diadema de las playas del Pacífico.” La ciudad es cuna de la Universidad de San Marcos, considerada la más antigua del Nuevo Mundo, puesto que fue habilitada en 1551.
A las 10.45 de la mañana del 13 de enero de 1960, el primero de una serie de severos movimientos sísmicos fue sentido en Arequipa, Perú, Meses más tarde — el 21 y 22 de mayo — aún más graves terremotos ocurrían en el sur de Chile. Todos los misioneros informaron estar a salvo y aunque algunos miembros tuvieron sus hogares gravemente dañados, ninguno fue herido o muerto.
El presidente Sharp solicitó ayuda de la Primera Presidencia y en menos de 24 horas, una vez concedidos los permisos correspondientes del gobierno, cerca de 16 toneladas de elementos de socorro salieron por avión desde Salt Lake City para Chile.
La compañía de aviación “United Airlines” transportó el cargamento gratuitamente desde Salt Lake hasta Los Angeles, desde donde se transbordó a la compañía “Panagra”. El cargamento constaba de 2.500 frazadas, 3 toneladas de ropas de abrigo, incluyendo muchos sacos, 5.000 dosis de penicilina y 2.000 inyecciones contra la tifoidea, más de 500 mantas de viaje y 131 pares de zapatos. Todos estos elementos fueron distribuidos luego por la Cruz Roja Chilena.
El 31 de mayo siguiente, una delegación parlamentaria llegó a Salt Lake City procedente de Chile para agradecer oficialmente a la Iglesia. Al cabo de una reunión con la misma, el presidente McKay dijo: “Hemos tenido la satisfacción, al recibir a la delegación de Chile, de saber que la Iglesia ha podido expresarse no sólo en palabras sino por medio de actos de ayuda a los damnificados de la zona de Santiago, tan castigada por el trágico cataclismo.”
En diciembre de 1960, el presidente Sharp se trasladó a Ecuador a fin de investigar la región para determinar la posibilidad de enviar misioneros.
Mientras tanto, la obra continuó desarrollándose rápidamente en los dos países cordilleranos, hasta que el 7 de julio de 1961 se anunció que la Misión Andina sería dividida. Sólo dos años llevaba de organizada y el notable progreso había exigido únicamente cinco años de labor misional. Todo el territorio contaba ahora con 2.000 miembros y cada país tenía 12 Ramas organizadas — la cuarta parte de las mismas presididas por miembros locales. Y así la misión fue fraccionada durante una conferencia que se realizó en Lima el 1 de octubre de ese mismo año.
El élder A. Delbert Palmer, ex-misionero en Argentina, había sido llamado desde su hogar en Canadá para presidir sobre la nueva Misión Chilena — la 64a. de la Iglesia. Una conferencia similar fue realizada en Santiago la semana siguiente, también bajo la dirección del presidente A. Theodore Tuttle, de las Misiones Sudamericanas, como representante de la Primera Presidencia.

A. Delbert Palmer
Presidente de la
MISIÓN CHILENA

Sterling Nicolaysen
Presidente de la
MISIÓN ANDINA
El presidente Sharp continuó a cargo de la Misión Andina. Un año más tarde, era relevado y reemplazado por el presidente Sterling Nicolaysen.
En la actualidad, la Iglesia goza de mucha apreciación en las misiones Andina y Chilena. Ambas están repletas de desafíos y oportunidades, puesto que comprenden países ricos en la tan apreciada historia del Libro do Mormón. Doquiera que uno viaje, puede apreciar vividas pruebas de las grandes civilizaciones que florecieron antes de la llegada de los europeos.
Pero la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una Iglesia de miembros individuales. Poder ver cómo un investigador obtiene un testimonio, es bautizado y entonces se desarrolla en el conocimiento de que es un hijo de Dios embarcado en un viaje eterno, constituye uno de los grandes propósitos y bendiciones de la obra misional. Y lo mismo es en todo el mundo. Pero aquí, en las tierras sudamericanas, quizá ese sentimiento sea un poco más dulce cuando se comprueba que muchas de las humildes personas que ahora aceptan el evangelio son hijos literales del Patriarca Lehi, cuyos antepasados constituyen el centro humano de la historia del Libro de Mormón.
La Misión Uruguaya
La Misión Uruguaya representa la característica disparidad existente en Sudamérica. Aquí está Uruguay, la más pequeña de las Repúblicas del Sur, orgullosa de sus realizaciones educacionales, disfrutando de un alto nivel de libertad individual, poblada mayormente por descendientes de europeos — una tierra de fértiles llanuras y ribera extensa, con sus límites definidos y su gobierno bien establecido.
En contraposición, tenemos a Paraguay, sin acceso al mar, habitada principalmente por descendientes indígenas — una tierra de mesetas, altiplanicies y regiones anegadizas; un país cuyos límites están todavía en litigio.
La cabecera de la Misión Uruguaya está ubicada en Montevideo, ciudad que con sus calles amplias y limpias domina el estuario del Río de la Plata. El lenguaje predominante es el español. El total de miembros de la Iglesia es de 7.000 aproximadamente. El promedio de misioneros, 176.
En las 36 Ramas existentes en la Misión Uruguaya, se lograron 1.669 bautismos en 1962. Aunque esta Misión tiene sólo 15 años de antigüedad, la mayoría de sus Ramas está administrada por miembros locales.
El primer contacto establecido entre la Iglesia y el pueblo uruguayo tuvo su origen en enero de 1940, cuando el misionero Rolf Larson fue elegido para representar a la Argentina en el torneo Sudamericano de básquetbol realizado en Montevideo. Su sobresaliente actuación y espíritu deportivo — y el hecho de que era un misionero mormón — fueron ampliamente pregonados por la prensa y los simpatizantes del deporte. Fue tal el interés originado entonces, que el presidente de la Misión Argentina, Frederíck S. Williams, viajó especialmente a Montevideo en compañía de su secretario, con un gran aprovisionamiento de folletos.
Sin embargo no fue sino cuatro años y medio más tarde, el 25 de julio de 1944, que la primera Rama — la de Montevideo — se organizó como dependencia de la Misión Argentina. A la sazón, todos los miembros varones de la nueva Rama eran empleados de los gobiernos Uruguayo y Norteamericano. (Uruguay no tomó parte activa en ninguna de las dos guerras mundiales, pero rompió relaciones con Alemania en octubre de 1917 y con las potencias del Eje en 1942.)
Como empleados del gobierno, los miembros de la Rama pudieron entonces establecer contacto con altos funcionarios y preparar así el camino para inaugurar la Misión Uruguaya.
Después de su relevo como Presidente de la Misión Argentina, el hermano Williams fue subsiguientemente empleado por el gobierno de los Estados Unidos en Uruguay y designado entonces Presidente de la Rama de Montevideo en 1944. Algo más tarde, regresó a su patria. En 1947 se le llamó a presidir la recientemente inauguarda Misión Uruguaya. A su arribo al país, fue recibido por las únicas miembros de la Iglesia existentes a la fecha en Montevideo — la hermana Jeane Seguin de Argult y sus dos hijas, quienes previamente habían sido bautizadas en su tierra natal, Francia.
El presidente Williams alquiló inmediatamente una casa para las oficinas de la Misión. A poco, los misioneros comenzaron a llegar y la obra fue iniciada. Para diciembre del mismo año, se habían organizado cuatro Ramas y la activa obra proselitista era llevada a cabo por 24 misioneros. Los primeros miembros recuerdan las reuniones efectuadas en las cuatro Ramas, dispuestas de manera que todos pudieran asistir a cada una de ellas —tratando en esta forma de evitar que la asistencia pareciera muy reducida. Uno de los grupos solía utilizar el automóvil de la Misión para concurrir a dichas reuniones.
El nombre oficial de este país es el de República Oriental del Uruguay, frecuentemente referida en los ambientes locales como “Banda Oriental”, debido a su ubicación con respecto al río Uruguay. Su población .está constituida principalmente por gentes de ascendencia española e italiana, brasileños, argentinos, franceses, británicos y alemanes.
Uruguay es un país agrícola que exporta trigo, maíz, avena, cebada, carne, productos animales y lana. Junto con Argentina, Uruguay obtuvo su independencia de España en 1811 – 1814; más tarde, en 1825, luchó contra Brasil y finalmente fue reconocida su independencia en 1828.
La República de Paraguay, cuyo límite con Bolivia en la región del Chaco continúa en litigio, abrió primeramente sus puertas a la obra misional en 1948, cuando el primer converso de la Iglesia fue bautizado en la capital, Asunción. Dicha conversión resultó de la labor de algunos ex-misioneros que trabajaban al servicia del gobierno.
En 1948 la Iglesia adquirió un hermoso edificio de dos pisos en Montevideo, dedicado luego como Casa de la Misión. En 1954, el presidente David O. McKay colocó la piedra fundamental para la primera capilla de la misión Uruguaya — la capilla Deseret, en Montevideo. La recepción que le fue ofrecida por los misioneros y amigos de la Iglesia, le inspiró a decir: “No obstante tener esta misión sólo 6 años de existencia, ésta ha sido una maravillosa demostración de la obra misional.” Su visita fue reconocida por la prensa y altos funcionarios del gobierno.
Un año más tarde, el élder Mark E. Petersen, del Consejo de los Doce, visitó la Misión y dedicó la capilla Deseret, colocó la piedra fundamental de otra (la de la rama de Rodó) y procedió a dar la palada inicial para una tercera (la capilla de la Rama de Treinta y Tres — la primera en ser construida en el interior del país).
Durante su visita en 1956, el presidente Henry D. Moyle, miembro entonces del Consejo de los Doce Apóstoles, dedicó las capillas de Rodó y Treinta y Tres, y repasó los planes para las nuevas capillas de Isla Patrulla, Rocha y Durazno — cada una de ellas equipadas adecuadamente para desarrollar actividades propias de un Barrio completamente organizado, con salas de clases, oficinas, capillas, salones culturales, cocinas y canchas de deportes.
La visita del presidente Moyle a esta Misión, dio oportunidad a muchos de los Santos de ver por primera vez en su vida a un Apóstol del Señor.
En 1959, tocó al élder Spencer W. Kimball, del Consejo de los Doce, visitar la Misión Uruguaya. El hermano Kimball viajó extensamente a través del interior del país, asistió a conferencias de la juventud y de Distrito, apareció en televisión y fue visto y oído por más miembros y no miembros que cualquier otra Autoridad General visitante hasta entonces.
Cinco han sido, hasta la fecha, los Presidentes de la Misión Uruguaya. El “padre” de la misma es Frederíck S. Williams (1947 – 1951), quien sentó los precendentes para el futuro crecimiento de la Misión. El hermano Williams fue sucedido por Lyman S. Shreeve (1951 – 1955), llamado “el constructor” por su edificación espiritual y por el gran programa de construcción que se llevó a cabo durante su ejercicio presidencial.
En septiembre de 1955, y hasta 1957, se designó a Frank D. Parry como Presidente de la Misión. El presidente Parry puso en práctica una intensa campaña de proselitismo efectivo que resultó en la duplicación del número de bautismos durante 1956 con respecto al año anterior. En febrero de 1958, fue sucedido por Arthur M. Jensen (1958 – 1960), quien inauguró el movimiento tendiente a desarrollar directores locales, completó las construcciones existentes y erigió tres nuevas capillas.

J. Thomas Fyans
Presidente de la
MISIÓN URUGUAYA
La designación y el arribo del actual Presidente de la Misión, J. Thomas Fyans, coincidió con la visita del presidente José Fielding Smith y del élder A. Theodore Tuttle, quien algo más tarde pasó a ser Presidente de las Misiones Sudamericanas. Poco después de su llegada a la Misión, el presidente Fyans completó el proceso de reemplazar a los misioneros por miembros locales en las Presidencias de Rama. Este fue un paso difícil pero provechoso. A fin de adiestrar a los directores locales, el presidente Fyans efectúa reuniones y conferencias generales para Presidentes de Rama y de Distrito cada seis meses en Montevideo, prepara un boletín oficial para todos los oficiales, conteniendo anuncios e informaciones varias, y conduce un curso de estudio para presidentes de Rama y Distrito.
Grande ha sido la atención que se ha conseguido en la obra misional por medio del programa deportivo de la Misión. El Club Deseret participa en los torneos uruguayos de deportes y tal ha sido el éxito alcanzado, que los niños vitorean por las calles el nombre “Deseret”, el cual ha llegado a ser sinónimo de equipo triunfante y de buen espíritu deportivo.
También un importante factor, la música ha ayudado grandemente en el rápido progreso de la Misión Uruguaya. El talento musical de los Santos uruguayos se ha puesto de manifiesto en pláticas para la juventud, bailes y programas especiales presentados por los coros, orquestas y otras agrupaciones artísticas de la Misión. “Una cosa sé,” dijo John Candeau, editor de uno de los diarios principales del país, al presidente McKay durante su visita en 1954, “y es que su gente canta muy bien — y no sólo canciones religiosas; he tenido oportunidad de escuchar los programas corales presentados por radio y me parecen magníficos. Mucha gente ha deseado ser miembro de su Iglesia sólo por haber escuchado cantar a estos coros.”
En Uruguay la prensa es relativamente libre y en general amigable con los Santos de los Últimos Días. Un profusamente ilustrado folleto acerca del Mormonismo ha sido remitido a cada uno de los diarios existentes en el país, como así también se les envían noticias e informaciones semanales concernientes a las actividades y progreso de la Iglesia y de las Ramas de la Misión. Dos de las principales radioemisoras uruguayas están utilizando en sus programas, algunas grabaciones del Coro del Tabernáculo. El Coro Mormón de Montevideo ha estado actuando por televisión en programas que incluyen también entrevistas con los oficiales de la Misión.
Tal como las demás Misiones Sudamericanas, la Uruguaya está encaminada hacia objetivos y logro cada vez más grandes. La obra misional cuenta con un amplio apoyo por parte de los miembros. Son precisamente éstos los que tienen completamente a su cargo la conversión de los investigadores llevando a cabo la tarea de hermanamiento, mientras que la responsabilidad de los misioneros es enseñar.
La Misiones Brasileñas
Brasil, el país más extenso de Sudamérica y el quinto más grande del mundo, cubre casi tanto territorio como el europeo. Abarca también cerca de la mitad del continente sudamericano. El mapa nos muestra que todos los países de Sudamérica, con excepción de dos (Chile y Ecuador), lindan con Brasil.
El nombre Brasil apareció en varios mapas antiguos como una isla en medio del océano Atlántico, antes de que Sudamérica fuese descubierta. Los portugueses, conducidos por Pedro Alvares Cabral, descubrieron este país el 22 de abril del año 1500. Cabral lo denominó “Vera Cruz”, nombre que eventualmente cambió por el de “Brasil”, derivado de la rojiza madera Pau Brasil que los primeros colonizadores comenzaron a exportar.
El río Amazonas, que fluye a través de esta amplia región, es el sistema fluvial más grande del mundo y fertiliza las tierras tropicales más extensas que se conocen. Brasil se clasifica primero entre todos los países Lationoamericarios con respecto a sus fuentes de recurso naturales y a sus industrias, produciendo más hierro y café que cualquier otro en el mundo. Es también uno de los más grandes productores de maíz y algodón.
Más de cuatro siglos de amalgamación y asimilación de los elementos raciales del Brasil, han contribuido a la creación de una cultura y nacionalidad distintas. Las cuatro razas básicas en que la familia humana está dividida — india, caucásica, negra y asiática — están representadas en la población del Brasil, estimada en 65.000.000 e incrementándose en un promedio de un millón por año. Especialmente la gente blanca, comprendiendo cerca del 75% de los Estados del Sur, casi todos de ascendencia europea, está aumentando con notable rapidez. Y uno de los principales factores a que se debe este desacostumbrado crecimiento, es el hecho de que los Estados del Sur del Brasil cuentan con una topografía y clima similares a los de Europa.
La obra misional en Brasil comenzó en 1929, cuando el Presidente de la Misión Sudamericana, hermano Reinhold Stoof, inició la labor entre residentes de habla alemana. Dos años más tarde, el 25 de octubre de 1931, contando con 6 misioneros y 98 miembros e investigadores presentes, el hermano Stoof dedicó la “primera capilla perteneciente a la Iglesia en Sudamérica.” En 1955 se remodeló y mejoró este edificio, agregándosele un gran salón de recreo. Este anexo fue dedicado por el presidente Moyle, durante su gira por las Misiones Sudamericanas en 1956 y en una conferencia efectuada en la localidad de Joinvile.
El 9 de febrero de 1935, la Primera Presidencia de la Iglesia anunció que la Misión Sudamericana había de ser dividida, inaugurándose una nueva jurisdicción: la Misión Brasileña, presidida por el élder Rulon S. Howells, quien junto con su familia arribó al país el 15 de mayo de ese mismo año y estableció su sede central en Sao Paulo, ciudad que en la actualidad cuenta con 4.000.000 de habitantes, casi todos de sangre europea.
Se ha dicho que Sao Paulo es una de las ciudades que prosperan más rápidamente en el mundo. Aunque fue fundada hace unos cuatrocientos años, tiene la apariencia de una moderna capital, con sus fulgurantes rascacielos cubiertos con coloridos azulejos.
Durante los primeros años de esta Misión, la predicación del evangelio fue principalmente entre los residentes de habla alemana, puesto que no había folletos o libros traducidos en idioma portugués.
Para su sorpresa, algunos élderes comenzaron a encontrar a unos pocos miembros que desde su migración desde Europa habían perdido durante años todo contacto con la Iglesia. Fue un día de verdadero gozo aquel en que estas personas se encontraron. Durante una de las primeras reuniones, un extraño se introdujo en el lugar durante el himno de apertura. Sacando de su bolsillo un himnario, se sumó a los que cantaban, aclarando luego que éste era su primer servicio Mormón en muchos años.
El 6 de enero de 1936, unos seis meses después de la llegada del presidente Howells, tres conversos fueron bautizados — un adulto y dos niños —, constituyendo los primeros bautismos de la Misión Brasileña.
En 1938 los misioneros habían ya comenzado a estudiar con gran dedicación el idioma portugués. Las parejas de misioneros fueron formadas con un élder de habla alemana y uno de habla portuguesa, siendo entonces posible que conversaran con todas las personas que encontraban. Durante y después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno brasileño prohibió el uso del idioma alemán y gradualmente la Misión Brasileña paso a ser una Misión de habla portuguesa.
El 8 de marzo de 1948, el élder Stephen L. Richards, a la sazón del Consejo de los Doce, llegó a la Misión Brasileña acompañado por su esposa, proveyendo a los élderes y Santos de gran fuerza y aliento espirituales. Esta fue la primera visita de una Autoridad General a dicha Misión. Al año siguiente, en marzo de 1949, la Iglesia adquirió en Sao Paulo un hermoso edificio en el que se estableció la Casa de la Misión. Fue también en ese año que las dos primeras misioneras llegaron al campo misional.
La visita del presidente David O. McKay y su esposa a la Misión Brasileña en enero de 1954, fue un acontecimiento memorable tanto para miembros como para misioneros. Los visitantes recibieron amplia publicidad por parte de la prensa durante los tres días de su estada en Brasil, y entrevistaron funcionarios del gobierno causando una muy favorable impresión. Muchos miembros de condición humilde vinieron de Ramas distantes, durmiendo varios sobre los bancos o el suelo de la capilla de Sao Paulo, a fin de poder oír la palabra del Profeta del Señor y estrechar su mano.
Durante su visita a Río de Janeiro, el presidente McKay ascendió hasta la famosa estatua de Cristo, de 70 metros de altura, la que con sus brazos abiertos domina la bahía más hermosa del mundo. En la ocasión recitó la conocida invitación del Maestro: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…” Hizo destacar también que la estatua era un tributo a los niños de Brasil, cuyas monedas ayudaron a pagar su erección.

Finn B. Paulsen
Presidente de la
MISIÓN BRASILEÑA DEL SUR
Muy significativa fue la visita del élder Henry D. Moyle y su esposa en 1956. El hermano Moyle dijo ante un numeroso grupo de misioneros que desde entonces en adelante se produciría un gran despertamiento espiritual entre la gente — cosa que los misioneros más tarde testificaron. Siguiendo el consejo del hermano Moyle y de otras Autoridades que le habían precedido, los misioneros sintieron el Espíritu del Señor obrar en ellos y en los corazones de la gente brasileña. Ese año, el total de bautismos alcanzó a 377 — el doble de cualquiera de los años anteriores.

William G. Bangerter
Presidente de la
MISIÓN BRASILEÑA
En febrero de 1959, el élder Spencer W. Kimball visitó por un día a los Santos brasileños, de paso hacia la Misión Uruguaya. Pero al regresar, en marzo, efectuó una amplia gira a través de la Misión. Dedicó la capilla de Ipomea, ubicada en medio de una colonia al sur del país, donde al mes siguiente la Misión superó todo record anterior de bautismos. En septiembre del mismo año, bajo la dirección de la Primera Presidencia, el élder Harold B. Lee y su esposa, acompañados por Asael T. Sorensen y su familia, arribaron a Brasil, trayendo el primero de los nombrados la asignación de dividir la Misión. El élder Sorensen fue designado Presidente de la nueva Misión Brasileña del Sur, cuya cabecera se estableció en Curitiba.
La Misión Brasileña del Sur cuenta en la actualidad con más de 40 Ramas organizadas. Sao Paulo continúa siendo la sede central de la Misión Brasileña, la cual cubre un área de 8.000.000 de kilómetros cuadrados y tiene una población de 55.000.000 de habitantes. La obra misional, sin embargo, es más activa en la parte sur de dicho territorio.
Las grandes distancias y los medios inadecuados de comunicación no han podido evitar el progreso y crecimiento de esta Misión. Los informes revelan que inmediatamente después de efectuada la división de la Misión Brasileña, las varias Ramas experimentaron un notable progreso en bautismos y estabilidad.
Las estadísticas del 31 de diciembre de 1962 para la Misión Brasileña, arrojaron un total de 1.100 miembros. Los últimos informes indican la existencia actual de 4.834 miembros y 41 Ramas organizadas.
Durante la conferencia en que se organizó la Misión Brasileña del Sur, el élder Harold B. Lee, del Consejo de los Doce, profetizó que el Estado de Río Grande do Sul — lugar en que se estaba realizando la reunión- pronto habría de llegar a ser una Misión separada. Y todo miembro de la Iglesia que oyó estas palabras las cree cabalmente y está determinado a trabajar y a orar enérgicamente en aras de su cumplimiento.
Fin
Las fotografías utlizadas en el presente artículo fueron cedidas gentilmente por el hermano J. Vernon Sharp, excepto las de los actuales Presidentes de Misión, que pertenecen a “the Improvement Era” (Presidentes Snelgrove, Stone, Palmer, Fyans, Paulsen y Bangerter) y al “Deseret News” (Presidente Nicolaysen).
A. Theodore Tuttle, “Sudamerica tierra de promisión y profecia”, Liahona, agosto de 1963, páginas 180-192.
Cortesía de la Biblioteca de Historia de la Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
International magazine Spanish Liahona (Mexico : 1955- ); 1961-1970; 1963 (Volume 9); 1963 August (No. 8); Church History Library, https://catalog.churchofjesuschrist.org/assets/e6b9e40d-5463-4924-be6c-3637594acc3f/0/13 (accessed: November 2, 2022)
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