Una de las primeras visitas del élder Russell M. Nelson al Perú, como apóstol de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, fue a la ciudad de Tacna, con motivo de una conferencia regional realizada en el sur del país.

A razón de esta visita, los días 5 y 6 de agosto de 1995 no se llevó a cabo la acostumbrada conferencia de la Estaca Tacna. En su lugar, los líderes anunciaron una conferencia multirregional que reuniría a los santos de varias ciudades. Días después, el 20 de agosto, se realizó una conferencia especial presidida por el presidente Zuzunaga, de la Misión Arequipa.1

Ese día, poco antes de que la reunión comenzara, un apagón dejó a la membresía en penumbras. Los hermanos encendieron velas y, bajo esa luz tenue, se dio inicio a la conferencia. El ambiente era diferente a cualquier otra reunión anterior: solemne e  íntimo. A pesar de la falta de electricidad, los santos permanecieron unidos, atentos a lo que estaba por venir.

En la conferencia se habló de la importancia de las conferencias y de la bendición que significaba para la estaca prepararse para recibir, en septiembre, la visita de un testigo de Dios. La emoción se mezclaba con la esperanza: cada palabra parecía anticipar un acontecimiento que marcaría a la joven estaca de Tacna.1

Los miembros de las dos estacas en Tacna se organizaron para recibir la visita del apóstol, el élder Russell M. Nelson. Se estableció que la reunión tendría lugar en el Coliseo Cerrado Perú, en Tacna. Con anticipación, se realizaron trabajos de limpieza y mantenimiento en las instalaciones, y se organizaron diversos comités para la recepción. Asimismo, salieron en visitas para poder invitar y dar a conocer sobre la visita de un apóstol del Señor a esta ciudad Heroica. El élder Nelson estaría primero en Arica, Chile, el 16 de septiembre de 1995 y luego, al día siguiente, visitaría Tacna.

La organización también incluyó un comité y plan de seguridad para su visita. Entre cuatro y seis miembros de la Iglesia que eran policías fueron convocados para esta labor. Entre ellos estaban Enrique Valdivia, quien había servido como Policía al igual que los otros hermanos también convocados. Las instrucciones eran claras: no debían apartarse del apóstol, debían planear la seguridad en el trayecto y evitar aglomeraciones.

Cuando llegó el día 17 de septiembre de 1995, se les asignó un vehículo y temprano en la mañana se dirigieron a la frontera, donde se encontraron con la comitiva que acompañaba al élder Russell M. Nelson de Arica a Tacna. Él los saludó con un apretón de manos y un abrazo. Luego, cruzaron el control migratorio y aduanero en Santa Rosa y llegaron al Coliseo Cerrado Perú, donde los santos de Tacna aguardaban con expectación.2

Comitiva que acompañó al Élder Russell M. Nelson

Fuente: Archivo fotográfico del Instituto de Religión Tacna.

La conferencia regional en Tacna se realizó en el Coliseo Cerrado Perú. Desde temprano, los miembros habían llenado el recinto. La expectativa era inmensa: un apóstol del Señor estaba entre ellos.

 

Varios líderes precedieron al élder Nelson en el púlpito. El élder Julio Dávila, de la Presidencia de Área, quien había hablado sobre la gratitud y recordando que el éxito es “el resultado de los mejores esfuerzos”; su esposa también compartió un breve testimonio acerca de la oración y la importancia de la Liahona. El élder Dickson relató cómo había aprendido a superar la pérdida de un brazo antes de su misión y venció su primer desafío al aprender a hacer el nudo de la corbata con la mano izquierda, así, testificando de que los desafíos podían vencerse con fe; su esposa también expresó su testimonio. Finalmente, el presidente Zuzunaga, de la Misión Arequipa, exhortó a los santos a no cansarse de hacer el bien y a testificar siempre de José Smith, asegurando que Dios cumple lo que promete.1,3

 

Luego, la hermana Nelson dirigió unas palabras sencillas y sentidas. “Me siento contenta de estar aquí y ver tanta gente hermosa”1, dijo, compartiendo su testimonio sobre la importancia de las familias y de conocer el plan de Dios.

 

Cuando llegó el turno del élder Nelson, relató su experiencia al entrar en Tacna desde Arica. Describió cómo, después de cruzar el desierto, aparecía ante los ojos un valle con palmeras y montañas. Lo comparó con la Tierra Santa, donde Jesucristo había caminado junto a Sus discípulos. “Así como en la tierra santa nace un río entre altas montañas y va a perderse hacia el mar”, dijo, “esta es la tierra prometida para ustedes los tacneños”. Incluso mencionó con detalle haber visto un plantío de olivos al llegar.

“…Viniendo de Arica a esta ciudad, después de cruzar un desierto, de pronto se ve un valle, aparecen unas palmeras chicas, luego las grandes, y al fondo se ven montañas, esta tierra es semejante a la TIERRA SANTA, donde anduvo Jesucristo y sus discípulos, ustedes tienen unas montañas que forman una figura como el árbol de la vida, esta es la tierra prometida para ustedes los tacneños, así como en la tierra santa nace un río de las altas montañas y se pierde hacia el mar…”1

En sus palabras, el élder Nelson agradeció al coro de la estaca por el esfuerzo que habían puesto en la conferencia. También recordó a la congregación que cada persona tiene “montañas que escalar”, y los llamó “la esperanza de Sion, los hijos de la promesa”. Luego aseguró con firmeza que la visita de aquel día marcaría un antes y un después: “Esta tierra nunca volverá a ser la misma”, y en efecto, así fue en la vida de los Santos en Tacna.1

 

Antes de concluir, el apóstol pidió las oraciones de los santos en su favor. Testificó que “el testimonio de la Expiación de Jesucristo es el cimiento de nuestra religión” y expresó gratitud por su propia familia.

 

Finalmente, impartió una bendición apostólica sobre la congregación:

“Les doy una bendición apostólica para que cada uno de ustedes pueda deleitarse en las palabras de Cristo y apliquen sus enseñanzas a sus propias vidas y para que sean fieles a los mandamientos de Dios, y si lo hacen tendrán gozo y prosperidad en sus vidas y en su posteridad”.1

Al concluir la conferencia regional, los santos buscaron acercarse al élder Nelson. Sin que nadie lo organizara formalmente, los asistentes formaron una fila frente al estrado para estrecharle la mano. Desde allí, el apóstol —alto y de porte distinguido— se inclinaba una y otra vez para saludar a los miembros, apresurándose con afecto para no dejar a nadie sin aquel gesto cercano.4

Russell M. Nelson Saludando a la Membresía

Élder Russell M. Nelson saludando a la membresía.

Fuente: Cortesía de Julio Castro y Lucy Carranza, que obra en su archivo fotográfico familiar.

Más tarde, en la capilla de Arias Aragüez, el élder Nelson y los líderes que lo acompañaban compartieron una comida junto a los dirigentes locales. La preparación no estuvo a cargo de un banquete en un restaurante ni de lujos externos, sino de las hermanas de la Sociedad de Socorro, que cocinaron con dedicación y amor. Entre ellas estaban Yanet Monje.4 Cada plato servido era una muestra de cariño hacia un siervo del Señor, un testigo especial y personal de Jesucristo.

Russell M. Nelson en la capilla Arias Aragüez

Fuente: Cortesía de Julio Castro y Lucy Carranza, que obra en su archivo fotográfico familiar.

Liderazgo local junto al élder Russell M. Nelson

Fuente: Archivo fotográfico del Instituto de Religión Tacna.

Luego, algunos miembros acompañaron para despedir al élder Nelson. Este se convirtió en un momento realmente especial para aquellos santos, pues pudieron experimentar de cerca la amabilidad de un apóstol del Señor hacia los presentes.

Élder Russell M. Nelson con miembros que acudieron a despedirlo.

El élder Russell M. Nelson cargando en brazos a Mirella, hija de Julio Castro y Lucy Carranza.

Fuente: Cortesía de Julio Castro y Lucy Carranza, que obra en su archivo fotográfico familiar.

La visita del élder Russell M. Nelson a Tacna se convirtió en un hito para los santos del sur del Perú. No solo fueron los grandes discursos ni la multitud reunida lo que dio fuerza al recuerdo, sino los pequeños gestos: la humildad del apóstol al inclinarse para estrechar manos, el amor con el que se preparó la comida por las hermanas de la Sociedad de Socorro, la emoción de un pueblo que escuchó promesas de prosperidad y esperanza. Aquella conferencia dejó en los corazones la convicción de que el Señor conoce a su pueblo en Tacna, y que su tierra, como dijo el élder Nelson, “nunca volvería a ser la misma”.

 

Fuentes citadas:

  1. The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints. Tacna Peru Stake annual historical reports – LR 515949 3. Salt Lake City, Utah.: Church History Library;
  2. Valdivia E. Registro Oral de Enrique Valdivia – 7 de noviembre de 2022 . archivo personal del autor. Tacna, Perú: archivo personal del autor; 2022.
  3. The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints. Tacna Peru Arias Araquez Stake annual historical reports – LR 521833 3. Salt Lake City, Utah: Church History Library;
  4. Castro J, Carranza L. Registro Oral de Julio Castro y Lucy Carranza – 16-01-2023. Tacna, Perú: archivo personal del autor; 2023.
Marvin Josué Jiménez Viveros
Marvin Josué Jiménez Viveros

Marvin Josué Jiménez Viveros es miembro de la Fundación Roble del Sur. Apasionado por la historia de la iglesia en el Perú.

6 comentarios

  1. Muchas gracias por compartir este artículo, me emocionó mucho que el profeta comparara a Tacna con la tierra santa, todo el amor con el que se organizó la conferencia, el testimonio del Elder Dickson y las promesas del profeta, me imaginé cuando en la antigüedad los profetas viajaban a predicar el evangelio, qué lindo es como si hubiera estado ahí

  2. Se han omitido palabras proféticas del aquel entonces Apóstol Nelson: como: “Tacna ya no serán la misma porque un apóstol ha caminado sus calles… “

  3. Se han omitido palabras proféticas del aquel entonces Apóstol Nelson: como: “Tacna ya no serán la misma porque un apóstol ha caminado sus calles… “

  4. Muy interesante la historia de la Iglesia en Tacna.
    Me bauticé 19 noviembre 1961 en Calientes . Porque no había pila bautismal en la casa Capilla de la avda. Bolognesi fruta al hotel Fe Turustas en ese entonces. El hermano Romero me animo a que estudie piano.
    En 1970 salí a la misión Colombo-Venezolana por 2 años.

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